Major Lazer en Cuba

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Major Lazer en Cuba

Eran casi las 7: 00 p.m.  y  la alineación ya había despachado un concierto repleto de energía que confirmó que en Cuba, como en otras partes del mundo, la revolución de la electrónica tiene en­tre sus filas a miles de fieles que se entregan a la música como si sus cuerpos estuvieran  go­bernados por el imperio de las má­quinas.

Cuando Major Lazer subió a la tribuna antimperialista habían desfilado por los es­cenarios los dj y productores cubanos, Reitt, Iván Lejardi, el dúo I.A, formado por Ilian Suárez y Alexis de la O, Adroid, y el grupo Osain del Monte. La alineación salió dispuesta a ponerle banda sonora a los deseos de los miles de jóvenes que habían bailado sus hits en las discotecas o en los clubes nocturnos.

Diplo pisó la tribuna batiendo con actitud una bandera cubana, se colocó luego de­trás de las máquinas y enseñó la chapa que lo acredita co­mo una es­trella global de la electrónica. Es decir, comenzó a pinchar su música de masas y el público empezó a mo­ver­se como si estuviera movido por  una fuerza sobrenatural.

La receta fue sencilla: disparar sus apabullantes rit­mos desde el inicio y darle a los miles de fieles lo que ha­bían ido a buscar: sonidos que hacen bailar  hasta a una estatua y provocan un estadio de agitación que, en la electrónica, solo se alcanza cuando el Dj es un maestro en eso de administrar poco a poco pequeñas dosis de adrenalina, que, al final, provocan que los cuerpos, bai­lando, sean otro espectáculo dentro del propio espectáculo.

Diplo patentó su reinado desde que se colocó detrás de las máquinas se­cundado por Walshy Fire, de origen ja­maicano pero nacido en Estados Uni­dos, y Jillio­naire, de Tri­nidad y To­bago. El Dj y productor estadounidense, de 37 años, incitaba a las masas mientras des­de la mesa se escapaba una fórmula que aplastaba cualquier intención de quedarse en calma, so­bre todo cuan­do daba paso a la furia del moombahton y el trap.

La celebración de la música electrónica estuvo marcada por las búsquedas que ha llevado este Dj y productor desde que armó Major Lazer. Diplo atacó al público con esos sonidos que ha cocinado en sus viajes a Jamaica, Brasil, África o la India y los devolvió con esa distinguible base rítmica orientada especialmente  hacia las pistas de baile y los clubes.

Si bien escapa a la lógica que el concierto se realizara  a las tres de la tarde —se sa­be que las noches son el espacio natural para este género porque los dj se  apoyan especialmente en el impacto de los juegos de lu­ces— Major Lazer recorrió sin dificultad  una colección de temas de sus tres discos Guns Don’t Kill People… Lazers Do, Peace is the Mission y Free the Universe, atravesados por un mestizaje  sonoro que, sin renunciar a ubicarse en el mainstream de la electrónica, viene de una detallada indagación  en los elementos de diferentes culturas del planeta.

 

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Tomado de Granma

credits: www.cmhw.cu

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